jueves, 11 de noviembre de 2010
Aquella Fiesta...
Aquella fiesta
donde todo era bullicio y diversión
quedaba evocándote mi amor
en un momento, mi mirada dirigí segura
y en instantes más te ví.
Descendiste de la espléndida escalera de mármol
todo de negro, elegante, altivo
tu cabeza erguida, tu traje al talle
que hermosa estampa masculina resaltaste.
Inmóvil me quedé por instanstes
aferrándome al respaldo dorado de aquel sillón
llegaste a mí, cual encantadora sonrisa
me regalaste con tan fascinadora voz.
El clavel blanco, que luciste en el ojal
muy galantemente, me lo obsequiaste igual
al mirarnos los dos unos instantes
entablamos una agradable conversación.
Me tomaste de la mano
y temble de emoción
nos dirigimos al salón de baile
danzando a la luz tenue
de la bella luna de plata.
Al son de la agradable música
nuestros cuerpos reflejaban sombras mágicas
a la luz de la romántica luna
que desde el cielo, tibiamente nos bañaba.
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