miércoles, 10 de noviembre de 2010

Aquel Abanico



 Aquél abanico de encaje y perlas...
 fue tu obsequio amado
 aquel día de nuestra boda,
 en esa Primavera de mil seiscientos setenta.


 Esa tarde quise estar para tí...
 tan única, tan bella...
 como un azahar o un rubí...
 para agradarte tanto, esposo mío,
 y hacerte feliz.


 Mi traje de novia...
 era de gasa y de nácar,
 todo bordado en hilos de plata.


 Mi velo de seda,
 con hermosa tiara,
 a mi joven rostro,
 tan bien adornaban.


 Tus ojos me contemplaban,
 la sonrisa en mí se instalaba...
 tus manos... las mías...
 en un momento, se acariciaban.


 Mi ramo de novia...
 de azahares fragantes,
 perfumaban nuestro amor,
 con aquél abanico...
 que era todo un primor.


 Mis bucles rozaban tu fuerte perfil,
 mis mejillas sonrojaban,
 al darnos el primer beso...
 luego que nos dimos el sí.


 Salimos de la capilla,
 yo de tu brazo, muy emocionada.
 Tú, orgulloso de mí también estabas.
 Nos esperaban los invitados,
 todos sonrientes de felicidad.


 En el ramo de novia,
 una lagrima de mí, cayó,
 se quedó en una perla,
 regalándonos un brillo de amor.

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